En lavidaretirada conocimos a Israel Centeno gracias a twitter pero eso es una anécdota. Lo importante fue, unos días después, leer dos de los libros editados por Periférica en nuestro país. El primero, Iniciaciones, y luego Hilo de de Cometa. Dos libros íntimos, demasiado bien narrados y pertenecientes a esa extraña etiquetas de novela de iniciación como para soslayarlos. Israel Centeno es venezolano, y ha escrito un puñado de novelas, editadas todas ya en Venezuela, y que por desgracia, no podemos ver aún en nuestro país. Lo quisimos entrevistar, en primer lugar, por su obra, y luego por su labor como traductor de las novelas de Gordon Lish –que verán en otro lugar. Esto fue lo que nos dijo.
Publicaste tu primer libro a los 34 años, y a partir de 1992, has publicado un libro cada dos años. ¿Crees que fue necesario para tu literatura esa espera?
Depende de lo que se entienda por espera. Cuando comencé a escribir, esperaba escribir un buen relato. Muchas veces defraudé mis expectativas. Eso sería a principios de los ochenta, en Barcelona, cuando participé en los primeros talleres de literatura y resolví un
dilema: yo iba a ser escritor. Entonces, quizás, estaba siendo más un personaje literario, quizás un poco mediano, pero en fin, todo es literario, que una persona que escribía literatura. Sentía que tenía muchas cosas que decir, porque hasta entonces había vivido de forma bastante extraña. Eso quiere decir, tenía mis historias y había visto las historias de los otros, sobre todo ya había construido mi primera biblioteca y me había acercado a la literatura quizás con mucha ingenuidad, pero asumiéndola como una de las bellas artes. Al llegar a Venezuela esperé por mi primera publicación en un periódico, en aquel momento no existía la angustia por los premios que tenemos en estas épocas. La ansiedad para un novel escritor era poder publicar en los papeles literarios, en las revistas periódicas y así lo hice. Tenía que resolver otro dilema, porque por entonces también me consideraba poeta. De hecho, hoy en día me gusta leer poesía, es una lectura vital para mi. Algún día quizás intente de nuevo escribirla, o publicar la que he escrito para disfrute íntimo. Yo corrí con muy buena suerte, una vez que terminé Calletania la sometí a la lectura de dos editores y paradójicamente, al editor privado, a pesar de haberle gustado el texto, en ese entonces no contaba con los medios para publicarlo y me recomendó que presentara el manuscrito en Monte Ávila. No creo que haya sido tarde, creo que a los 34 años es una buena edad para comenzar a editar, sobre todo un narrador necesita patear un poco el mundo, tener esa dinámica vital y siempre es bueno haber perdido la virginidad un poco tarde, antes que arriesgar una publicación que va a formalizar tu carrera.
Existe una distancia entre lo que has publicado en Venezuela y lo que aparece fuerade ella, ¿ha sido una decisión deliberada?
En ningún momento. Uno planifica mucho y en realidad se impone una dinámica que va a tener que ver con asuntos que incluso pudieran tener razones extraliterarias, que van a terminar decidiendo. Uno no debe dejar de proponer para que no sea Dios sino los otros elementos los que dispongan.
En Iniciaciones e Hilo de Cometa –sobre todo en la primera– existe una reflexión que parecía muy patente en la época en que se escribió Doña Bárbara, que es la dicotomía entre urbe y campo, progreso y conservación, que se refleja en la historia de Amelia. ¿Aún existe en Venezuela – o en la literatura venezolana – tal conflicto?
La literatura venezolana hoy en día es muy diversa, cosa que me hace pensar con optimismo, una literatura con distintas propuestas, y creo que en el caso particular de Iniciaciones había una deconstrucción. Pienso y es una consideración bastante personal, que no sólo Venezuela, sino gran parte de la América Hispana vive esa pugnacidad entre la premodernizad y la modernidad, entre mesianismo y civilización. De alguna manera, en aquel momento, antes de que se prefigurara como lo está prefigurado hoy en día en Venezuela, el hato El Miedo de don Rómulo Gallegos, como escritor pude haber sentido la gran ansiedad de esa tensión. Creo que es algo sobre lo que siempre volveremos, y es un asunto que le quita el sueño a más de un creador. Ya en Hilo de Cometa la propuesta es más formal, con la anécdota diluida y la anécdota en otros planos.
Parte de la crítica distingue tu obra entre aquella que comprende las novelas Calletania, Hilo de Cometa e Iniciaciones, frente a la que empieza desde Exilio en Bowery en adelante. ¿compartes esa distinción?
Si. Yo creo que en un primer momento, sobre todo con Hilo de Cometa e Iniciaciones seguía debatiéndome y buscando algunas propuestas formales, asunto que se va a definir a partir de Iniciaciones. Para mi las formas son muy importantes. La forma va a definir el estilo y la voz con que vas a contar. Yo creo que la forma es diferenciadora, la anécdota no. Sin embargo, no podemos contar sin anécdota, pero esta anécdota debe encontrar una forma o una estética que la exprese, sobre todo si tomas en cuenta que la literatura sigue siendo una de las bellas artes. Con Exilio en Bowery siguen mis indagaciones estéticas, me acerco al cómic, cosa que no había hecho antes, a la parodia, manejo códigos del absurdo y coqueteo por primera vez (siempre de una forma paródica) con elementos góticos y el absurdo. Esto va a ser una constante que se va a mantener hasta ahora. En mis últimos tres trabajos inéditos, entre los que está Bajo las Hojas, novela que llegó de finalista al premio Planeta Casamérica en 2009. el gótico y la distopía.
Eres uno de los autores venezolanos más conocidos, en parte gracias a la edición de Periférica. Pero imaginamos que deben haber otros escritores a quienes admires de tu generación ¿a qué otros connacionales deberíamos leer?
Creo que la literatura venezolana desde hace tiempo tiene cosas que decirle al mundo. Y puede insertarse perfectamente en una propuesta global. Hemos corrido a veces con mala suerte. En un país donde se hacen muchas listas y éstas denotan exclusiones por asuntos políticos, no suena prudente elaborar listas, pero no nombrar algunos autores podría ser mezquino. De mi generación destaco fundamentalmente a Rubi Guerra y a Juan Carlos Méndez Guédez. Sin embargo, estoy seguro de estar dejando fuera a muchos otros. Es importante acercarse a Silda Cordoliani, a Ricardo Azuaje y a Juan Carlos Chirinos. Claro está, tenemos figuras importantes que tienen proyección internacional, que se han posicionado con premios como Alberto Barrera Tizska, ahora con dos títulos en Anagrama, y Gustavo Guerrero en el área ensayística y Oscar Marcano. De las generaciones más recientes estoy leyendo con detenimiento y con interés y bastante admiración a Roberto Echeto, Rodrigo Blanco Calderón, Enza García y Fedosi Santaella, creo que se va a escuchar mucho de ellos en un futuro muy próximo. Todos nosotros, los que pudieran estar quedando afuera porque no puedo abarcarlos a todos, venimos sobre las espaldas de Salvador Garmendia, Adriano González León, Denzil Romero, Eduardo Liendo, Victoria De Stefano, Antonieta Madrid, Elisa Lerner, Ednodio Quintero, Antonio López Ortega y Ana Teresa Torres.

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Una entrevista muy seria, y honestidad en las respuestas. Todo un honor ver mi nombre en ella. Israel Centeno es y será de lo grandes, de los verdaderos.