Hace un tiempo, mientras veía libros que iba a pedir a España, me topé con La pesca de la trucha en América, del escritor norteamericano Richard Brautigan. Deseché pedirlo porque era muy caro para la cantidad de hojas -ese era mi criterio-, pero gracias a eso descubrí, en primer lugar, la editorial Blackie Books, que, de hecho, tradujo al español el libro del vocalista de Eels, y en segundo lugar a Brautigan, de quien Rodrigo Fresán habla hoy para la revista Qué Pasa (que, claro, ha hecho mi día en los posts). Fresán dice:
Obra maestra y singular de quien fue una rara cruza entre idiota savant de origen humilde, mascota intelectual, gurú subterráneo, hippie post-beatnik de look cowboy, autor multiventas y, finalmente, alcohólico suicida olvidado por los suyos y por las modas; puede decirse que La pesca de la trucha en América es, también, muchas cosas. Manual existencial, credo artístico y poético, manifiesto tan épico como íntimo, autobiografía en trance, poema en prosa que equivale al susurro del Alarido de Allen Ginsberg, texto sacro de una religión personal o caja de voces donde resuenan ecos de Emerson y Thoreau, de Vonnegut y Twain, de Holst y Murakami, de Kerouac y Dylan.
Pueden leer el inicio de La pesca de la trucha en América, haciendo click aquí.

Ojo con los tildes, chicos.